QUIÉN SOY - Adolf Pla

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De muy joven la vocación nació con el Jazz y la música Pop, músicas que aún escucho y toco a menudo. Sin embargo, el conocimiento musical lo vi desarrollarse mediante el piano a través del repertorio clásico y romántico.  

 

A lo largo de mi trayectoria he tenido la suerte de cruzarme con músicos magníficos que han sido muy generosos y pacientes para transmitirme el gozo de experimentar lo que es indefinible de la música. Miquel Farré en Barcelona, Rado Ferenc de Budapest, Peter Hollfeld en Würzburg y mis primeros maestros Magda Caballé, M Teresa Segarra y JM Martín Aragonés. Todos ellos me han ayudado y les agradezco para siempre su maestría. Pero también a todos mis discípulos y colegas porque con ellos también aprendo día tras día.  

 

También he podido experimentar la dirección de orquesta y colaborar con músicos de alto nivel profesional como el Mozarteum Quartett Salzburg, la Ural Philharmonic Orchestra o el magnífico flautista y director Bernat Castillejo, por poner tres ejemplos. 

 

Siempre he sentido la curiosidad y la necesidad de conocer las músicas de los compositores que han construido la cultura musical de la que formo parte, tanto del pasado como del presente. Por este motivo he realizado investigaciones musicológicas e interpretado compositores como Toldrà, Manén, Taltabull, Oltra o Mompou. Me interesan todos los repertorios en los que el piano tiene algo que decir.  

 

Me anima la idea de fomentar el acercamiento del arte a la sociedad. Aunque las artes se expresan plenamente en su individualidad, siento que en algunos contenidos, el diálogo entre las distintas artes nos puede ofrecer experiencias creativas interesantes, de un gran poder de comunicación. Por este motivo no dejo de interesarme por el resto de artes que rodean la música y la potencian.  

 

Aunque no puedo demostrarlo, siento que la música tiene una existencia fuera de nosotros. Lo único que hacemos es sacar todo lo que la esconde y descubrirla. Cuando Platón decía que aprender es recordar, nos sugería que nuestra actitud abierta y despierta nos permitiría captar lo que en el fondo ya sabemos pero no recordamos. En el momento de concebir una música o hacerla nacer a través de los sonidos, la recuperamos para darle una dimensión audible y experimentar su vibración. 

 

La vibración que nos comunica y nos vincula los unos con los otros. Esta "com - unión" es el verdadero sentido de ser músico y de experimentar la música. Si la comunicación se da real e intensa, es tan músico quien transmite el mensaje como quien lo recibe, porque es entonces cuando se produce la magia de dos elementos en vibración.  

 

Esta es la razón por la que soy músico.

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